la cara mojada pero no crispada
el viento golpeando con fuerza mi cuerpo,
el grito del agua que lanzan las olas
Me gusta sentarme a ver como explotan,
desde lo más alto desde la atalaya,
sentir como lloran, sentir como callan,
escuchar que dicen, aunque es otro idioma.
Delante, lo inmenso,
detrás, la montaña,
cubriendo mi espalda, la Virgen,
en Puerto de Vega, la de la Atalaya,
un faro sin luces,
que guía las almas.

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